Yo creo que hay que ir pasito a pasito, recordando que durante el primer año de vida, el alimento principal es la leche materna o artificial si no.
Creo que es fácil, muy fácil, acabar demasiado pendiente del tema de las comidas y hacer que se conviertan en algo complicado donde nuestro pobre baby no entiende a qué vienen esas caras largas, esas miradas ansiosas a una cosita redonda que llaman plato; se cruzan las miradas los papás y acaban haciendo el diagnóstico: ¿ha comido bien? pregunta uno de ellos, y con suerte ( mala para el bebé) incluso se cuentan las cucharadas:
- Qué va, responde el otro, seis cucharadas nada más. Digo seis por decir, porque mejor no caer en los mililitros...
-Pues insiste un poco más, que seguro que tiene hambre. Ignorando que nuestro pequeño está dando la espalda al plato, a la comida y ¡quién se lo iba a decir: al padre, o madre, de sus amores!, rechazándola con todo su ser porque las dos veces que ha empujado amablemente la cuchara que se le acercaba, nadie le ha hecho caso.
-A ver, prueba tú. Y vueeelta con la cucharita otra vez.
Bebé nervioso, papá nerviosísimo y mamá muy preocupada porque no come.
Esto en el mejor de los casos.
Así que insisto, a mí me resulta útil recordar estas dos cosas: que la leche continua siendo su alimento principal y que la alimentación complementaria tiene sobre todo un componente educativo. El bebé va probando distintos sabores y texturas y se relaciona con la comida de una forma positiva.
Más cosas que dice la teoría:
- Tiene que poder sentarse erguido, es una señal de que está preparado.
- Ofrecerle la comida en lugar de dársela.
- Elegir alimentos que sean fáciles de coger. Al principio comerá lo que le sobresalga del puño.
- No distraerle ni meterle prisa cuando come !a nadie nos gusta!
- Como para muchas otras cosas, nunca dejarle solito mientras come.
A lo que hay que añadir el buen rollo que da sentarse con los tuyos a la mesa y disfrutar de un rato juntos.
Hablando de disfrutar: hoy, Domingo por la mañana, todo el día por delante. Mi hombre, mi pequeña y yo. Los tres sentados en la mesa sin que nadie se encargara de dar de comer al otro ( hubiera sido perfecto si llego a dormir un poco más...), sonrientes cada uno con su tostada.
Pues eso, que hay que ir paso a paso y teniendo claras las cuestiones principales.
Sobre todo, seguir disfrutando de cada momento juntos y terminar las comidas con una gran sonrisa.
¡Aquí dejo un testimonio!